El Secretario de Estado vaticano presidió la ceremonia en un santuario dedicado a la atención de personas con discapacidad y en situación de fragilidad.
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El cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado del Vaticano, presidió el 21 de junio la ordenación episcopal de Renzo Pegoraro, quien asume ahora la presidencia de la Pontificia Academia para la Vida. El acto litúrgico se celebró en el Santuario de Nuestra Señora, Madre de la Providencia, ubicado en Sarmeola di Rubano, en la provincia de Padua.
La elección del lugar no fue casual. El santuario alberga la Opera della Provvidenza di Sant'Antonio, un centro que atiende a unos 600 residentes con diversas formas de discapacidad y fragilidad. Pegoraro mantuvo una vinculación especial con esta institución durante sus años de seminario, cuando trabajó allí como médico voluntario. El cardenal Parolin subrayó que esta conexión refleja la coherencia entre la misión de la Academia Pontificia —promover la vida mediante la investigación científica— y el servicio concreto que presta esta obra a los más vulnerables.
En su homilía, Parolin exhortó a los fieles a “no avergonzarse de su Evangelio ante los hombres” y a proclamar sin temor el mensaje de Cristo. Recordó además que “Dios es el guardián celoso de la vida humana”, y enfatizó que la confianza de los creyentes no brota de una audacia personal, sino de la seguridad en la fidelidad de Dios. Animó a los presentes a obrar el bien sin miedo y a vivir la fe con entrega genuina.
Dirigiéndose a los seminaristas del Seminario «Insieme» que participaron en la celebración, el Secretario de Estado les transmitió que “Dios Padre los ha elegido y les promete el más tierno cuidado a cada uno de ustedes”. Asimismo, invocó el testimonio de San Pablo para recordar que la vocación debe comprenderse como un servicio a la reconciliación y a la paz entre los hombres.
Parolin cerró su intervención con una evocación del viaje apostólico del Papa León XIV a España. Recuperó unas palabras pronunciadas en la Plaza de Cibeles sobre la religiosidad española como “una escuela de fe de la que podemos nutrirnos incluso hoy”, conectando ese mensaje con la importancia del servicio desinteresado y la dedicación al prójimo.
Con esta ordenación, Pegoraro se incorpora a su nuevo cargo en la Academia Pontificia en un momento en que la reflexión sobre cuestiones de bioética y defensa de la vida adquiere especial relevancia en el contexto eclesial y social contemporáneo.
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