El religioso agustino Antonio Iturbe anhela un emotivo encuentro con el Papa León XIV durante su visita a España.
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Antonio Iturbe, religioso agustino de 89 años, confía en poder abrazar al Papa León XIV cuando visite España próximamente. Iturbe fue formador del actual Pontífice durante su etapa de estudiante en Roma, hace casi medio siglo. Actualmente reside en la Residencia Tomás Cámara, una comunidad agustiniana donde convive con otros religiosos que requieren atención médica especializada.
El vínculo entre ambos se forjó hace 45 años en la capital italiana, cuando Robert Prevost —nombre de pila del Papa— cursaba su formación en la Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino, conocida popularmente como el Angelicum. Aunque compartieron apenas unos meses, el impacto fue profundo. Iturbe desempeñaba entonces el cargo de maestro de profesos y tuvo ocasión de conocer de cerca al joven Prevost en el contexto académico y comunitario. Recuerda con particular afecto su generosidad, su alegría natural y su disposición constante para servir a los demás.
Entre los recuerdos que atesora están las excursiones y actividades compartidas, que reflejaban la camaradería característica de la comunidad agustiniana. Un episodio especialmente significativo fue cuando Prevost le proporcionó información valiosa en un momento delicado, demostrando así su valentía y su capacidad de comunicación. La noticia de su elección como Papa sorprendió gratamente a Iturbe, quien sintió una alegría particular al saber que un hermano de su orden había alcanzado tal dignidad. “Pegué un brinco de la silla. Dije: ya tenemos un Papa agustino”, rememora el agustino.
Iturbe caracteriza el liderazgo de León XIV como el de un “hombre de paz, de convivencia, un hombre que sabe escuchar”. El último encuentro entre ambos tuvo lugar en 2011, cuando el entonces Papa Benedicto XVI visitó España acompañado por Prevost. Ahora, con la inminente llegada del actual Pontífice a territorio español, el anciano religioso alberga la esperanza de poder saludarle con un abrazo, gesto que simboliza la continuidad entre su pasado común y el presente de la Iglesia universal. “Esperemos, si me dejan, y si puede ser, darle un abrazo el día de que estemos con él”, concluye Iturbe con esperanza.
