Fieles, sacerdotes y responsables eclesiales participaron en una vigilia nocturna de oración por el fin de los conflictos armados que asolan decenas de países en el mundo.
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La iglesia de San Giuseppe dei Falegnami, en el corazón de Roma, fue escenario el 15 de junio de una vigilia de oración por la paz. El acto, organizado por el Centro Misionero Diocesano y la Federación Europea de Medicina Interna, respondía a una realidad internacional atravesada por más de 60 conflictos armados activos en distintas regiones del planeta.
La iniciativa se extendió desde el atardecer hasta el amanecer del día siguiente, congregando a decenas de participantes en una noche dedicada a la oración, la reflexión y la adoración eucarística. El objetivo común era implorar el don de la paz para un mundo desgarrado por la violencia.
La vigilia se inauguró con una Santa Misa presidida por el cardenal Francesco Montenegro, rector de la iglesia y arzobispo emérito de Agrigento. En su homilía, el purpurado enfatizó la necesidad de que los cristianos se conviertan en auténticos constructores de paz.
Durante la celebración, el cardenal Montenegro proclamó que «la clave de la misión, la clave de la paz, está en Jesús», subrayan que la verdadera acción evangelizadora y el compromiso por la paz brotan de la unión profunda con Cristo.
El lema que articuló toda la vigilia procedía del versículo «Beati i costruttori di pace» del Evangelio de Mateo, una exhortación a asumir la vocación cristiana de trabajar por la reconciliación y la fraternidad entre los pueblos.
Las intervenciones y momentos de oración que jalonaron la noche estuvieron atravesados por la preocupación ante el incremento de la violencia en numerosos territorios y por el empeño en mantener viva la esperanza a pesar de las adversidades.
El padre Giulio Albanese, director del Departamento de Comunicaciones Sociales del Vicariato de Roma, recordó a los asistentes que la paz no puede entenderse como un sentimiento efímero. Se trata, afirmó, de una tarea concreta y exigente que demanda compromiso real.
Según explicó el sacerdote, la paz constituye «el riesgo de la utopía» y exige redescubrir su verdadero alcance en una época en la que frecuentemente se presenta la guerra como instrumento legítimo para lograr la convivencia.
A lo largo de la vigilia se elevó una oración particular por todos los escenarios de violencia que azotan actualmente a la humanidad, tanto aquellos que ocupan las primeras páginas de los medios internacionales como los que permanecen sumidos en el olvido mediático.
Entre las situaciones por las que se rezó figuraron las crisis que asolan el norte de Nigeria, Sudán, Somalia y el norte de Mozambique, junto a otros conflictos que continúan causando sufrimiento indecible y desplazamientos masivos de población civil.
El padre Albanese insistió en la necesidad de «devolver dignidad» al concepto de paz y evitar que se desvirtúe su significado auténtico en medio de discursos que presentan la violencia como solución viable a los problemas.
La conclusión de la vigilia llegó con las alabanzas de la mañana, dirigidas por el cardenal Baldo Reina, vicario de Roma, quien acompañó a los participantes en los últimos momentos de oración antes de que el sol iluminara la ciudad.
En su intervención final, el cardenal Montenegro reiteró que cuanto más profundamente se une el cristiano a Jesucristo, más capacitado se encuentra para convertirse en verdadero misionero de la paz.
La noche concluyó con una invitación dirigida a cada participante para que llevara consigo un renovado compromiso por la reconciliación y la fraternidad, manteniendo encendida la llama del deseo de paz expresado durante las horas de oración compartida.
Con la llegada de la luz sobre Roma, la vigilia dejó en los asistentes un mensaje de esperanza y la certeza de que la oración permanece como respuesta necesaria ante las heridas que abren las guerras y la violencia en el mundo.
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